La PCR y otras técnicas moleculares: más allá de la detección de coronavirus

En los últimos años, la técnica de la PCR se ha hecho famosa a causa de la pandemia producida por el SARS-CoV-2. Sin embargo, esta técnica se lleva utilizando desde hace décadas, especialmente desde 1980 cuando se comenzó a extender su uso gracias a la incorporación a la técnica de una proteína ADN polimerasa termoestable capaz de generar copias de una cadena de ADN a altas temperaturas. Gracias a esta propiedad, durante la PCR o reacción en cadena de la polimerasa se produce una amplificación de una muestra de ADN a través de una serie de ciclos que se repiten en condiciones controladas. A lo largo de los años, esta técnica se ha ido perfeccionando hasta lograr amplificar una muestra mínima de ADN, lo que permite infinidad de aplicaciones. Así, según las regiones de ADN analizadas mediante diferentes métodos de secuenciación, la PCR puede ayudar a identificar especies, individuos o incluso parentescos a diferentes escalas, lo que ha facilitado en gran medida el trabajo en biología evolutiva y sigue modificando a día de hoy los árboles filogenéticos, especialmente en algunas ramas de bacterias y arqueas. Los principales avances en genética de las últimas décadas han ido de la mano de esta técnica, por lo que es muy importante destacar el papel de la PCR como impulsora de esta evolución. En esta revisión se presentan algunos ejemplos en los que se ha podido dar respuesta a distintas cuestiones gracias a la técnica de la PCR, como la identificación de especies morfológicamente muy semejantes, la definición de la historia evolutiva de grandes linajes de microorganismos, hongos, animales y plantas, o incluso la identificación de muestras de ADN ambiental aplicada a la salud, a la biorremediación o a estudios de dieta y polinización.

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